La aceptación de la divinidad interior implica una metamorfosis completa, tanto del punto de vista psíquico como del punto de vista emocional. Los cambios, todos los cambios cuestan de hacer por la inercia, por el miedo, por la comodidad. El cambio en la forma de sentir las cosas es tanto más doloroso porque esta seguida de una desorientación, de una lucha interior entre lo que dicta el cerebro y el entendimiento empático de las cosas.
Uno de estos entendimientos, indispensable para seguir el camino de la evolución es el comprender el miedo. Existe un solo miedo, el miedo a morir. Todos los otros miedos derivan de este miedo primordial, de la madre de todos los miedos…Abrazando la idea de que la muerte es una invención de las conveniencias, se vencen a los miedos.
Existe dentro de cada uno de nosotros un mecanismo que nos es muy útil, pero cual nos puede hacer mucho daño también si no llegamos a comprenderlo por completo. Estoy hablando de uno de los instintos primarios, una de las cosas más importantes en la historia global de la raza humana, el instinto de conservación.
El instinto de conservación es la cosa que nos hace salir a la superficie del agua cuando nos quedamos sin aire, es el mismo que nos hace esquivar situaciones que pueden dañar nuestra integridad física, es el instinto de conservación el que nos salva la vida. En definitivo, algo muy útil, pero al igual que la mayoría de las cosas, puede ser el mismo instinto el que se interpone en la vía que lleva al absoluto, haciendo la transformación personal que sea tanto más dolorosa, porque hay dentro de nosotros esta fuerza innata de oponerse a los cambios.
Cuando hablamos de querer tocar la chispa divina que llevamos dentro, la lucha contra el instinto de conservación, dictado por el cerebro, es muy larga y muy difícil de vencer, por la única razón que se ha de vencer a uno mismo, por dentro.
El renacer de una persona es el proceso más duro que se puede imaginar. Siendo un renacer consciente es tanto más doloroso, un proceso durante se ha de despojar de sí mismo, desprenderse por completo del Ego, para poder llegar a lo que es la esencia, para volver a formar parte de la matriz primaria, del todo.
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